" Tengo esta idea de... No. Tengo la certeza de que estamos hechos de sentimientos imparables, y que con cada transpie en la vida, cada situación con la que lidiamos, cada momento que sobrevivimos los usamos para adaptar cómo es que debemos sentirnos en diferentes situaciones.
Creo que he llegado al punto en el que perdí la capacidad de hacer eso, que estoy estancado en la nada. Me comporto cómo debería comportarme, me rio de lo que me debería reir, hago lo que tengo que hacer frente a todos los ojos escudriñantes que me rodean, sin embargo cuando llega el momento de mirarme a mi mismo veo que en realidad no soy lo que soy, me comporto cómo me comporto por simple inercia, porque es así cómo debería hacerlo.
Llegué a la conclusión de que por ciertos periodos de tiempos tengo momentos de lucidez suficiente para darme cuenta de la persona que soy y de lo que he hecho. Las conclusiones a las que llego aparecen de manera fugaz en mi mente pero sé que son certeras, puesto que dudo mucho que sea la primera vez que llego a ellas. Me considero a mi mismo lo suficientemente consciente para saber qué me hace bien y qué mal, sé que mi verdadero ser es esta persona persona consciente, superior, que hace visitas fugaces y toma el control de un cuerpo que se maneja sólo por costumbre. Llegar a darme cuenta de la persona que soy en realidad no es exactamente la mejor de las sensaciones, si debo sincerarme no es una sorpresa que me vean de la manera en la que me ven, es el hecho de que cuando lo pienso y lo digo en voz alta, cada parte de mi cuerpo parece aceptarlo con una tranquilidad alarmante. Y digo alarmante poniéndome en los zapatos de cualquier entidad cuerda, no es que yo no lo esté, es que quizás sea demasiado cuerdo. ¿Es una señal de alarma?
Cuando tengo estos momentos de lucidez comienzan con una afirmación en mi mente, una ficha que da vuelta y la sensación de que abrí los ojos por primera vez en mucho tiempo. Una, y otra, y otra vez. Ver algo que siempre estuvo en frente de mi pero que decido ignorarlo, elijo ignorarlo, elijo ocultar. A pesar de la primer conclusión me convierto en mi, pero no puedo permanecer mucho tiempo bajo control, no puedo estar siempre consciente... No. Porque si así fuera no sería capaz de soportarlo. Creo que hay un balance entre ambos, entre esa ingenuidad y aquel que parece pretender saberlo todo. Creo que hay una razón por la cual no está al mando, por la cual no estoy al mando. ¿Qué pasaría si lo estuviera?
Sin embargo si estuviera a cargo no tendría que preocuparme por trivialidades, creo que no sería prudente. Los lazos serían rotos, el verdadero rostro saldría a flote. No es un rostro agradable, no soy una persona agradable. Esta frialdad que crece en mi adormece cualquier capacidad que tenga para que me importe algo más que la búsqueda egoísta que tenga en mente en ese momento. Por eso está el balance, por eso cuando no estoy al mando esa empatía salta a la acción, golpea bajo, se analiza así misma y llega a la conclusión de que no siente nada, entonces miente, a medias. Se pone en el papel de cualquier persona y observa el verdadero ser. Llega entonces a la conclusión de que debe sentir angustia por algo, no sabe por qué. Y esa empatía cuando no es usada en sí mismo es usada para señalar la humanidad que lo rodea, señalar que yo no debo estar al mando.
Ahora que estoy por retirarme encuentro pacífica esta relación, sin embargo destructiva de una manera tan sutil y dolorosa. Una guerra se está generando, nosotros somos los protagonistas, pero no los que la peleamos. Hay una tercer mirada sobre esto, es la que elije cual de los dos aparece, es la que elije que exista una armonía."
Volviendo a las viejas escrituras, este es un razonamiento de un personaje en un estado de demencia bastante importante, de un cuento que estoy escribiendo. Albricias porque volví a escribir a pesar de que la facultad me consume y Netflix es mi nueva secret lover.
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